Infidelidad Castigada
( Relatos Traiciones )




Carlos regresó del viaje antes de lo previsto. Había pasado mucho tiempo fuera y tanto para él como para Laura, su esposa, resultaba insoportable la abstinencia sexual a la que se veían sometidos cuando tenía que realizar viajes tan prolongados.
Venía imaginando la agradable sorpresa que daría a Laura; el apasionado encuentro, los besos, los abrazos, las caricias y la forma desaforada en que harían el amor. Pero algo inesperado ocurrió. Al llegar, muy tarde en la noche, justo frente a su garaje estaba estacionado un auto deportivo; en la casa sólo podía verse la tenue iluminación de la alcoba; las demás luces estaban apagadas. De inmediato su mente lo llevó a desagradables conclusiones: definitivamente el carro era de un hombre, el sitio donde había parqueado no dejaba duda que estaba en su casa, no era una visita social, tanto por la hora, como por la obscuridad de la casa.
A la sensación de excitación y ansiedad por el encuentro, se sumaba ahora la ira y los celos. Entró sigilosamente , se quitó los zapatos para no hacer ruido, subió la escalera empuñando un revólver y se aproximó lentamente a la habitación. La puerta estaba entreabierta, se escuchaba la respiración agitada y los jadeos de un hombre, al igual que reconoció los gemidos de placer de su esposa. Se detuvo antes de entrar. Por la abertura de la puerta pudo ver como un apuesto joven penetraba en forma acompasada y vigorosa la provocativa vulva de Laura. Por la posición en que lo hacían pudo notar que aquel hombre poseía un largo y robusto pene que podía competir ventajosamente con las dimensiones del suyo. Las manos de aquel macho se aferraban a los senos de su esposa, los cuales lucían colorados, fuertes y erguidos con los pezones obscuros y erectos. Ella gemía mientras se aferraba a las sábanas con los puños cerrados. Un momento después, ambos, en medio de suspiros y convulsiones alcanzaron el orgasmo. La visión de aquella escena, a pesar de su ira, lo hizo estremecer de excitación.. Su pene estaba hinchado y húmedo y experimentaba una extraña pero agradable sensación al ver otro hombre fornicando con su esposa.
Sin meditar, siguiendo sus impulsos, irrumpió violentamente en la alcoba, empuñando el revólver con ambas manos, apuntando directamente al intruso, quien asustado se levantó de un brinco mientras su pene aún convulsionando, dejó caer los últimos corros de semen sobre el afeitado y fragante triángulo de la entrepierna de su esposa, quien quedó sentada, atónita y muda ante la sorpresa. Carlos, enfurecido, gritó entonces al hombre: "¿Con que eres muy hábil para hacer gozar a mi esposa? ¡Pues veamos que tan hábil eres para hacerme gozar a mi! Mientras decía ésto, se había desprendido de sus pantalones e interiores, quedando expuesto y a la vista su extraordinario miembro, erguido, carnoso y terminado en una redonda, colorada y ciclópea cabeza. Se acercó al desconocido y colocando sobre la cabeza una de sus manos, lo empujó hacia abajo, mientras con la otra sostenía el arma. Comprendiendo la seña el hombre se arrodilló frente a él, lleno de pánico sin comprender que le asustaba más, si el revólver que apuntaba a su sien o el falo que apuntaba a su boca. Indefenso y sin más alternativa, acogió entre sus labios la cabeza de aquella amenazante verga y ante la advertencia que recibió en ese momento: "Màs vale que lo hagas bien, pues de ello depende tu vida", comenzó a chupar con esmero aquella cabezota y a medida que Carlos se excitaba más y daba movimiento a sus caderas, aquel pene fue penetrando cada vez más profundamente en su boca, hasta ocupar su garganta, en tanto que realizaba esfuerzos para no ahogarse.
En medio del asombro, el susto y la sorpresa, Laura excitada por la escena, en forma inconsciente se dedicó a acariciar se palpitante clítoris, el cual por la erección que había logrado parecía un diminuto pene. Esto aumentó el placer de Carlos, precipitándolo más rápidamente al clímax. Cuando sintió que no aguantaba más, tomó por la nuca al muchacho y apretó la cabeza contra su pubis, mientras los chorros de semen inundaban la garganta de aquel condenado, quien con los ajos llorosos y muy abiertos en actitud de angustia, hacía lo posible por tragar todo el espeso líquido que le atragantaba al punto de dejarlo sin respiración. La presión no cesó hasta cuando aquel pene exhausto y exprimido, quedó flácido y reducido a la mitad del tamaño que hubiera tenido que acoger en sus labios.
A pesar de la angustia, la sorpresa y el susto, tanto Laura como su amante estaban disfrutando la situación, al igual que el engañado marido. El muchacho por su parte, calladamente se sorprendió a sí mismo disfrutando un acto que jamás había imaginado realizar y que seguramente en otras circunstancias se hubiera negado a practicar. Tan placentero y excitante le había resultado mamar el pene de otro hombre, que el suyo presentaba como resultado una inusitada y extraordinaria erección, lo cual notó Carlos, quien al punto le dijo: "¿Ah!, con que lo disfrutaste?, pues aunque lo hiciste bien y me hiciste gozar, todavía no has terminado. Manejas bien tu boca. Veamos ahora cómo manejas ese instrumento." Colocándose ahora de rodillas, recargando sus codos sobre la cama, presentó al joven su trasero, el cual lucía un obscuro orificio que palpitaba con la excitación. "Más vale que lo hagas suave y que me hagas gozar", le advirtió. El improvisado amante bisexual se acercó por detrás y para evitar mutuos dolores, decidió lubricar previamente aquel agujero estrecho. Acercó entonces su boca, acarició con la lengua el arrugado hoyuelo, bañó copiosamente con su saliva la zona a trabajar y se abrió paso paciente y delicadamente con la punta de su lengua en el interior del ansioso músculo, arrancando gemidos de placer a su dueño. Luego acercó su impresionante miembro, colocó la punta contra la entrada de la cerrada caverna y empujó suavemente hasta lograr introducir la cabeza del pene. En ese momento el músculo se contrajo y Carlos se quejó. Entonces detuvo el impulso, retiró el miembro y recomenzó la penetración, repitiendo varias veces la misma operación, introduciendo poco a poco, cada vez más profundamente aquel fabuloso falo, hasta cuando sus testículos no le impidieron continuar. La excitación de Carlos iba en aumento a cada envestida y viendo a su esposa que contemplaba con asombro y placer lo que ocurría, la acercó, le colocó las piernas sobre sus hombros y se dedicó a sorber de su vulva los restos de semen que hubiera dejado el muchacho que ahora penetrara su trasero con tanta habilidad, los cuales escurrían tibios desde el interior de aquella vagina que no había cesado de vibrar con las caricias que en forma permanente había prodigado Laura en su hinchada perla.
Todos gemían de placer en medio de sus entrecortadas respiraciones. Cuando el zodomizado marido sintió que se acercaba el momento final, a juzgar por el aumento de ritmo de las envestidas de su improvisado amante, con un golpe de culo lo empujó de tal forma que lo dejó sentado en el piso y se abalanzó de cabeza sobre su pene en el preciso instante en que eyaculaba. Con deleite saboreó hasta la última gota del agridulce manjar, al tiempo que la mujer, con tres de sus dedos, penetraba rabiosamente su vagina, logrando un nuevo orgasmo que la hacía estremecer de gusto.
Los tres quedaron tendidos por algunos minutos, exhaustos, pero con expresión de satisfacción en sus rostros.
Laura, ya tranquila, sorprendida, agradada y satisfecha por la actitud de su marido, se levantó a agradecerle con un beso que disfrutó doblemente al reconocer y degustar el sabor de su amante que muchas otras veces había disfrutado como ahora lo había hecho Carlos.
Contoneando desnuda su formidable cuerpo, se dirigió hacia el bar, en medio de la devoradora mirada de sus dos hombres. Destapó una botella de licor, sirvió tres copas y coqueta y seductoramente les ofreció para que bebieran, brindando por el creativo y delicioso castigo que a su esposo se le había ocurrido imponer a su amante. Y acercándose a cada uno, tomó un sorbo de licor que depositó en sus bocas a través de un beso. Esta acción, unida al roce de sus cuerpos y la maravillosa vista que sus curvas les ofrecía, encendió renovadamente el deseo de aquellos machos, lo cual ella descubría disimuladamente por el tamaño y rigidez que adquirían sus penes. Carlos, entonces, con voz enérgica, matizada con una maliciosa sonrisa le dijo: "No deberías estar tan tranquila. Tú aún no recibes tu merecido". Se levantó y la arrojó sobre la cama, se sentó sobre ella, acomodó su miembro en medio de los senos, los cuales aplastó hacia el centro con sus manos, envolviendo con la rosada carne el falo que a cada momento aumentaba de tamaño y consistencia. Ella, siguiéndole la cuerda, empezó a sollozar y a pedir clemencia. Carlos entonces dijo al muchacho: "A ver si eres capaz de taparle la boca". Sin pensarlo dos veces él se arrodilló junto a su cabeza e introdujo su verga en la boca de ella, quien inmediatamente empezó a succionar con avidez, dejando notar el placer que le producía ser acosada simultáneamente por dos machos. Carlos entonces le dijo: "Es un castigo. No se supone que lo disfrutes". Se retiró y retiró al otro hombre, se acostó boca arriba sobre la cama e indicó a su esposa que se sentara sobre el enhiesto mástil, lo cual ella obedeció sin chistar dejando caer todo el peso de su cuerpo, de un solo golpe, hizo desaparecer toda la extensión del miembro dentro de su vientre. Carlos la abrazó por el cuello y la atrajo hacia sí, estrechando los senos de ella contra su pecho y dejando el fabuloso culo de su esposa a la vista del amante a quien ordenó: "Haz con ella ahora lo mismo que hiciste conmigo". Esta vez sin embargo, aquel hombre no se preocupó por suavisar la entrada de su descomunal miembro, a lo cual sólo ayudó la gota de lubricante natural que asomaba como una lágrima en la cabeza de su pene. Sin contemplaciones, a sabiendas que el dolor era algo que su amante disfrutaba, de un solo golpe de pelvis sobre el ojo del culo que parecía mirarlo desafiante, hizo penetrar hasta el último milímetro de su descomunal barra de carne.
Laura, tras un grito de dolor, empezó a jadear y mover rítmicamente sus caderas, logrando que en forma coordinada aquellos dos falos entraran y salieran acompasados de sus contiguos orificios. La excitación de ella era mayúscula y la de ellos no era menor, reforzada por la presión que cada miembro ejercía sobre el otro a través de la piel que separaba los dos conductos y por el golpe repetido de los testículos del uno contra el otro. Cuando el amante sintió que estaba a punto de explotar y para obedecer la orden de su verdugo, safó rápidamente su pene del guante que lo cobijaba y parándose en frente de ella la penetró en la boca. Ella engulló el miembro y luego de unos vigorosos chupones él explotó tan copiosamente que ella no logró tragar todo el fluido, escurriendo por la comisura de sus labios parte de la secreción. Una vez que el amante se retiró exhausto, el marido la atrajo nuevamente hacia sí y con dedicación lamió el semen que había escapado de sus labios y con su lengua saboreó lo que aún quedaba dentro de la boca de ella, mientras espasmódicamente descargaba con fuerza el contenido de sus testículos dentro de la ardiente vagina de ella. Como a pesar de la excitación la mujer no alcanzaba aún el clímax, su esposo le ordenó sentarse sobre la cara de su amante que yacía a su lado, para que éste con su lengua terminara el trabajo. Ella no se hizo esperar, al momento había colocado los inflamados labios de su vulva sobre la boca de su amante, quien con avidez lamió el hirviente surco de extremo a extremo, chupó el erecto clítoris, penetró con su lengua las profundidades de la vagina y saboreó glotonamente los efluvios vaginales mezclados con el cálido semen que acabara de depositar el otro hombre. Ella, gimoteando temblorosa, con violentas contracciones dejó caer sobre la boca de su amante todos sus jugos y los de su marido, hasta desplomarse exhausta, boca abajo sobre la cama, con sus dos orificios desjetados, doloridos y satisfechos.
Ahora seguirían siendo la feliz pareja que todo lo compartían, compartiendo desde entonces hasta sus amantes.




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Comentarios


Excitante y buen relato :D
perfil Lizhy26
Comentado por:Lizhy26 en: 03/08/2013


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Calentura


Nombre do Relato
Infidelidad Castigada

Codigo do Relato
3267

Categoria
Traiciones

Fecha Envio
27/jul/2013

Votos
4

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