Dos experiencias cortas: taxista y empresario.
( Relatos Confesiones )


Hola a todos.
Hoy tengo ganas de contar dos experiencias cortas de las que me estaba acordando en la mañana. Estas experiencias sucedieron en aquellos días en que el hombre de la motocicleta pasaba a buscarme.
Para los que me esten leyendo por primera vez les resumo: soy una mujer casada, sin hijos, profesionista y cuyo esposo se fue a trabajar al extranjero por bastante tiempo. Desde que decidió irse me asusté o no sé qué me pasó pero empecé a vivir nuevas experiencias sexuales y de vez en vez, cuando estoy sola y un poco alcoholizada, me pongo a leer relatos y a escribir sobre mis experiencias. Lo del motociclista ya lo conté antes y lo traje de nuevo a colación para contextualizar el momento aunque no es realmente importante conocer esa historia para entender estas.

Aquel viernes salí a una fiesta en casa de una amiga quien celebraba su cumpleaños. Como iba sola y sabía que iba a consumir alcohol decidí dejar el coche, siempre he sido una mujer responsable con eso y además quién sabe lo que me deparara la noche, a lo mejor conocería algún tipo alto, musculoso, joven y guapo que quisiera llevarme en su auto a mi departamento, jajaja.
Pues la realidad es que me la pasé muy bien pero no conseguí mi aventón a casa pero afortunadamente había una base de taxis a unos metros de donde vivía mi amiga así que para no dar más molestias ni preocupaciones, decidí tomar uno de esos. Mi amiga y un amigo me acompañaron al lugar y se aseguraron que subiera al taxi pues no es una ciudad muy segura y yo ya estaba bastante borracha aunque no tanto como para no lograr aparentar cierta "sobriedad" frente a mis amigos.
No es extraño que los taxistas sean platicadores y el que me tocó no era la excepción. Yo no estaba consciente de lo borracha que estaba hasta que me sumí en el asiento del taxi y entonces una sensación de tener el cuerpo pesado pesado, como roca gigante aventada al agua, se apoderó de mí. Yo veía como desde lo profundo de un tunel al taxista e intentaba responderle a sus preguntas y comentarios. Bajé la ventanilla y el airé me despejó un poco de aquel sopor. Tomé una bocanada de aire y decidí recomponerme. La verdad es que no me había dado mucha confianza el estar en esas condiciones, deambulando por las calles desiertas y en el asiento trasero en el coche de un desconocido. No pasó mucho tiempo cuando lo volví a notar. El taxista aprovechaba para mirarme por el espejo retrovisor cuando creía que no lo veía. Eso fue lo que me hizo ponerme alerta desde mi estado casi vegetativo y ahora no había duda: le atraía al viejo! De repente vino a mi la idea como una revelación. Desde hacía mucho tiempo había tenido la fantasía de hacerlo con un taxista a cambio de la tarifa del viaje pero nunca lo había visto como algo que realmente pudiera suceder...hasta ahora. El alcohol seguía en mi sangre calentando mi líbido como de costumbre así que sin pensarlo más me lancé: "Oiga", le dije interrumpiéndolo, "y...dígame...", el taxista me miró intrigado por el espejo, "alguna vez algún cliente le ha pagado la tarifa de otra manera?". El taxista abrió mucho los ojos sorprendido por la pregunta. A mi se me subieron los colores al rostro al verlo y me dio mucha vergüenza el descaro al que había llegado, deseando en esos momentos que me tragara la tierra, que se reventara una llanta o cualquier cosa que me permitiera salir corriendo...pero no, ahí estaba yo y lo dicho, dicho está. Desde mi punto de vista sólo había dos cosas por hacer, o hacerme la tonta, desviar la mirada y cambiar de tema, o seguir mirándolo de frente con una sonrisa pícara y tal vez, tal vez, tener un viaje gratis y una experiencia largamente deseada.
El taxista me entendió a la perfección y por su actitud parece que no mentía cuando con naturalidad y complicidad me contestó que sí, que tenía un par de clientas que le pagaban "de otra manera". Detuvo el taxi un momento para mirarme de frente con esa sonrisa de niño con juguete nuevo y me dijo: "conozco un lugar seguro por acá...vamos?". La suerte estaba echada pero aún tenía la última oportunidad para arrepentirme. Me tomé unos segundos..."ok...vamos". Inmediatamente el taxista tomó el volante como poseído por una misión importante que tenía que cumplir. Ya no me miraba tanto pues estaba más concentrado en encontrar la mejor ruta para su "lugar seguro". En el camino me empezó a contar la historia de sus "clientas" mientras yo, un poco asustada, intentaba reconocer los sitios por donde nos metíamos hasta que se metió en una colonia y después de algunas calles, dio vuelta en una pequeña calle cerrada con un par de coches estacionados. Al fondo había un árbol cuyo follaje dejaba un sitio poco iluminado de la luz exterior. Hasta ahí metió el taxi, apagó el motor y salió para entrar al asiento trasero.
Yo me hice a un lado para dejarle acomodarse. Estaba con mi corazón latiendo a mil y asustada y excitada sin distinguir entre uno u otro sentimiento. El taxista recorrió hacia adelante los asientos delanteros, se sentó con la espalda en la esquina y se bajó los pantalones rápidamente. Yo mientras sólo lo observaba intentando no estorbarle y cuando lo vi listo me tuvo que decir que ya se la chupara.
Obedecí. Me tomé mi cabello con una mano y me dirigí a su pene erecto. Cabe mencionar ahora que el taxista era un hombre que rondaba los 60 años, bastante calvo, canoso, bajito de estatura, gordo y con un pene pequeño aunque suficientemente grande para parecer un pene, jajaja. La sorpresa que me dejó un poco en shock fue el olor a orines que golpeó mi nariz a medida que me acercaba! Qué asco! Por un momento decidí abortar todo pero hay que considerar un par de puntos que hicieron que me atreviera a continuar: 1. siempre he tenido la fantasía de salir a la calle y ponerme en una esquina como puta y 2. siempre había querido hacerlo con un taxista y fue en ese momento en que me di cuenta que esta es la realidad de las putas, es decir, satisfacer a su cliente sin importar su higiene...así que me aguanté y con asco y calma tomé ese pene con mi mano y abrí la boca hasta que poco a poco se fue perdiendo dentro. Empecé a sacarlo y meterlo dentro de mi boca mientras apretaba con mis labios su circunferencia. Esperaba que el hedor disminuyera con mi saliva o que mi nariz se acostumbrara...pero no pasó. Así que ahí me tienen, sintiéndome una verdadera puta al tener que cumplir con un trato sexual a pesar de lo repugnante del asunto. Mientras tanto, el taxista me decía sonriendo entre gemidos "Te gusta mami?" "Te gusta mi verga?" "Así mami, así!" "Qué rico la mamas chiquita". Yo paraba para decirle que sí, que me gustaba, que estaba rica su verga y le regresaba las preguntas "Te gusta así?" y me decía contento "Sí mami, así...uy qué rico la chupas" "Cómetela toda" y me tomaba la cabeza para empujarme su verga dentro pero esto sólo era su fantasía sobre el tamaño de su pene pues me sobraba espacio dentro de la boca con su verga toda dentro.
Después de un momento me detuvo y se incorporó. "Acomódate ahí", me dijo para indicarme que me pusiera en la orilla contraria viendo hacia el frente. "Tienes condones?", me preguntó poniendo cara de tonto. Eso me molestó un poco, es decir, el tener el descaro de meterse con mujeres y no tener la atención de comprar condones. "En mi bolso...acércamelo". Acá quiero hacer la aclaración de que no es que yo siempre lleve condones en mi bolso pero esa noche iba de fiesta y tenía que estar preparada, jajaja.
Yo llevaba una blusa roja ajustada sin mangas y la cual tiene pliegues, un saco pequeño negro, una falda holgada a medio muslo, pantimedias color natural y zapatos de tacón. El saco estaba en algún lado pues me lo quité desde que el taxista subió a mi asiento, pero ahora estaba yo boca arriba, con las piernas abiertas y un gordito entre ellas. Lo primero que hizo después de ponerse el condón fue quitarme zapatos, medias y pantis y después me volvió a abrir las piernas doblándolas hacia mi torso mientras él peleaba por alcanzar con su pene mi vagina. Les juro que por su tamaño dudé un instante en que yo me diera cuenta cuando lo metiera, pero no. Ahí estaba, abriendo con suavidad mi vagina para hacerme suya. Yo estaba excitadísima! Claro, no por la "tremenda sensación de su miembro dentro de mí" sino por la situación en la que me encontraba: cogiendo, piernas al aire, en el asiento trasero de un taxi, con el propio taxista! y amparados por la penumbra de un árbol ubicado en las calles de la Ciudad de México. El taxista resoplaba sonriendo, "te gusta mami?" "te gusta mi verga?" "te gusta sentirla adentro?". "Sí amor, sí me gusta" "Así! No pares!"...yo le alimentaba el ego sin ser honesta con mis palabras pero deseando realmente que este hombre se sintiera el macho más macho del mundo que es capaz de complacer a una mujer como yo, jajaja.
El taxi se balanceaba un poco pero no duró mucho. Al cabo de unas pocas penetraciones esforzadas, se incorporó y me dijo "ya voy a terminar, dónde te los echo?" "pues...en el condón", le dije desconcertada. "Uy, ya lo tiré mamita", me dijo mientras se la meneaba él mismo para no perder la erección, "levántate la blusa...te los voy a echar en tus tetas". Quéeee! Pero qué descaro de este hombre!, sin embargo...
Sin embargo me excitó la propuesta. Yo era una puta esa noche...no, yo era SU puta y estos eran los deseos de mi cliente.
Me levanté la blusa y descubrí mis senos bajándome el brassier. Él los estrujó un poco con su mano libre mientras la otra la usaba para masturbarse. A los pocos segundos salió el primer chorro en el momento en que posicionaba la punta de su pene entre mis tetas y después, cual pastelero decorando su pastel, fue dirigiendo su pene para decorar mis tetas con su semen. No paró hasta no exprimir sobre mis pezones las últimas gotas. Entonces se incorporó de nuevo para buscar papel para limpiarnos. Me extendió un pedazo y empecé a limpiarme como pude mientras él hacía lo propio. Una vez con los pantalones arriba se me echó encima para besarme apasionadamente mientras me agarraba una teta. "Estuviste fantástica mami" "Te gustó?"..."Sí, por supuesto", le contesté mientras en mi mente pensaba en lo triste que sería que se enterara de lo que realmente pensaba de su cuerpo y su higiene.
Cuando me dispuse a ponerme mis pantis me detuvo: "Así quédate corazón...sólo ponte los zapatos, agarra tus cosas y pásate al asiento de adelante, quieres?" Cuando iba a tomar mis medias y mis pantis, él se me adelantó y salió del auto con ellas en la mano. Tomé mi bolso y me cercioré de que no me faltara nada, me puse el sacó y salí para cambiarme al asiento del copiloto.
El camino hacia mi departamento estuvo lleno de halagos y fue cuando finalmente se enteró que soy una mujer casada, lo cual le sorprendió y aparentemente alimentó su ego. Le contesté con evasivas las preguntas personales y él aprovechó en un par de ocasiones para meter su mano entre mis piernas.
El viaje desde el árbol tomó sólo unos 10 minutos pero antes de bajarme no desaprovechó la oportunidad para darme su tarjeta: "llámame cuando quieras, ya sea un servicio de taxi o un servicio como el de ahora". Antes de bajarme le pedí mis medias y mis pantis pero sólo me regresó las medias..."esto me lo quedo para no olvidarte", me dijo con perversidad. Y saben? De alguna manera me sentí halagada de que quisiera quedarse con mis pantis así que decidí complacerlo, al fin y al cabo, qué va a hacer? olerlas? presumirlas con sus amigos?...no llevan mi nombre ni nada que las relacione a mi persona a menos que le hagan un estudio de ADN, lo cual dudo que haga un taxista. Me bajé del taxi y caminé a mi edificio contonéandome para que me viera él, o cualquier otro que estuviera en la calle. Acá va caminando una puta quien da placer a cambio de una tarifa de taxi. Una puta que tiene la boca, la cara y el pecho oliendo a orines añejados de su cliente.
Eso sí. No lo vuelvo a hacer. Tardé bastante en quitarme el asco y olvidar el olor impregnado en el fondo de mi nariz de esos orines...bueno, no con un taxista.

La semana siguiente a la del taxista salí de nuevo con otro hombre.

Era miércoles y yo había tenido un día pesado en el trabajo por lo que se me antojaba relajarme y tomar una copa. Y sí, así de inocente era mi intención en aquella ocasión. No deseaba revolcarme con nadie ni tener nada que ver con sexo, sólo una copa tranquila, una plática y el coqueteo inocente. Así que entré al internet buscando un chat con la esperanza de encontrar a alguien que estuviera dispuesto a invitarme una copa y nada más.
Estos chats están llenos de personas urgidas por lo que estaba pensando en que perdía mi tiempo pues todos querían sexo y algunos hasta tenían el descaro de que yo misma pasara por ellos y pagara el hotel! Hasta que un hombre educado pareció entender la situación: no quiero sexo pero quiero salir y estoy buscando un hombre para platicar y que me invite una copa. ¿Qué pensaba ofrecer a cambio? Pues mi agradable compañía y nada más.
Aceptó mi propuesta y quedamos que pasaba por mí en una hora. Inmediatamente corrí a arreglarme pues me parecía que verme linda era lo mínimo que podía hacer a cambio de sus atenciones.
Después de algunos tropiezos para encontrar mi edificio, finalmente llegó. Yo salí bien arreglada a su encuentro cuando me dijo que estaba en la puerta: vestido entallado de tubo con pequeños lunares que reflejaban la luz, pantimedias color natural, zapatillas altas, abrigo corto y bolso de mano. Él era un hombre mayor, de más de 50 años, pelo abundante y gris un poco largo, camisa negra y pantalón gris de vestir de buena calidad y un coche espectacular, un mini cooper. Al verlo me sorprendí de que me dijera la verdad respecto a que es un hombre con dinero por lo que me pareció que la noche empezaba bien y que sólo iríamos a tomar una copa. Nos saludamos con un beso en la mejilla.
Caballerosamente me abrió la puerta y me ayudó a subir (punto a su favor) y después tomamos camino. Lo primero que me dijo fue que a esa hora ya estaban cerrados los bares tranquilos pero que aún así se animó a conocerme porque le había parecido una linda persona. Decidimos entonces sólo dar una vuelta por la ciudad un rato y posponer esa salida para otro día. En fin, yo quería desestresarme y platicar y al menos eso parecía que cumpliría.
Me confesó que esperaba encontrarse con una mujer más normal pero aclaró al ver mi cara de pregunta que era bellísima. Eso me hizo sonreir y me puso de mejor humor.
Estuvimos platicando un rato de nuestras vidas como dos amigos de años. Yo estaba disfrutando enormemente del paseo hasta que notamos la hora y decidimos regresar.
Cuando estacionó el auto apagó el motor y me dijo que él tenía toda la intención de sólo conocerme pero que ahora quería más, "Quieres?, aunque sea algo rápido, si?...te animas?...claro, entenderé si me dices que no pero me gustaste mucho"
Me lo pensé un momento y evalué todo lo puta que estaba siendo hasta entonces así que me animé, "está bien...pero no vamos a subir a mi departamento", "cómo?? por qué??...entonces...dónde??" La verdad es que a pesar de la confianza que me daba creí demasiado arriesgado decirle exactamente dónde vivía, "pues...puede ser ahí en el estacionamiento...Ven. No hagas ruido" Tomó sus cosas y me siguió. Lo conduje entre los automóviles estacionados hasta la parte del fondo donde era más oscuro. Me detuve y le dije "aquí...pero en silencio". Inmediatamente me plantó un beso riquísimo y pausado en la boca, al cual correspondí con mis labios abiertos y mi lengua mientras nuestras manos empezaban a acariciar nuestros cuerpos. Sus manos se agarraron de mis nalgas pegándome hacia él. Esto me pareció muy erótico...siempre me ha prendido! Me gusta que me toman del trasero con ambas manos y me aprisionen contra el cuerpo. A cada rato parábamos para voltear a todos lados y comprobar que nadie se acercaba. Entonces se desabrochó los pantalones y se sacó su pene erecto. No era muy grande pero sí un poco mayor al del taxista, sólo que este tenía la cabecita cónica como cohete. Como si fuera obvio para el mundo me tomó con suavidad de la nuca mientras me ofrecía su miembro, indicándome que se la chupara. Un poco desconcertada por su "guión de película porno", decidí darle gusto para terminar pronto con eso.
Me excitó el saberme en cunclillas en el estacionamiento de mi edificio con un pene en mi mano y un hombre ajeno dispuesto a ser satisfecho por mis labios. Empecé a chuparlo mojándome cada vez más por la situación, además, parecía que me estaba volviendo experta pues al igual que el taxista me decía que se la estaba mamando bien rico "así...así..." "uy linda, eres toda una zorrita!" "qué bien lo haces!"...Yo mientras me metía rítmicamente ese pedazo de carne que estaba disfrutando horrores y más me mojé cuando me dijo "zorrita"....me prendió! así que intenté darle mis mejores trucos metiéndome la verga hasta el fondo en momentos para luego con la sola presión de mis labios, meter y sacar rápidamente la cabeza, luego una lamida amplia hasta los testículos, intentando pescarlos y meterlos a mi boca para después repetir la penetración profunda en mi boca. De repente me detuvo y me puse de pie mirando cómo sacaba un condón del bolsillo trasero y se lo ponía. Antes de terminar de desenvolverlo sobre su miembro me dijo "voltéate y bájate las medias". Eso me prendió muchísimo!! El tipo estaba tan caliente que había olvidado la caballerosidad que había mostrado y el instinto animal lo dominaba para hacerme suya ahí mismo, en un lugar público!
Lo vi ponerse atrás de mí mientras yo buscaba algún apoyo y levantaba las caderas en espera de su pene. Con premura lo ubicó en posición y empujó. Yo estaba más que deseosa de recibirlo y mi vagina se abrió entregada sin ofrecer ninguna resistencia. Empezamos a jadear los dos intentando no hacer mucho ruido, sin embargo, si alguien hubiera estado cerca, inmediatamente hubiera adivinado lo que sucedía. Su pene entraba y salía de mi trasero descubierto, mis piernas abiertas, mis caderas ofrecidas y mi vestido de tubo a la cintura. Era fantástico!
Después de un momento se detuvo y me dijo: "quiero terminar en tu boca". Por supuesto que me pareció ir demasiado allá con esto! Es decir, no es que no me guste, al contrario, pero era un desconocido para mí y no estaba dispuesta a correr un riesgo tan grande de contagiarme con algo así que le dije: "bueno, pero con condón". Supongo que al verme tan decidida no puso reparos así que volví a hincarme y meterme ese pene engomado con el sabor de mi vagina y empecé a chuparlo con pasión. A penas estaba calentando cuando escuché susurrando "me vengo" y después nada. Yo seguía en lo mío con mi boca metiendo y sacando su pene pero él me detuvo y me dijo "ya", "gracias"...sacó su pene de mi boca y yo sólo miré con incredulidad la punta del preservativo que, en efecto, tenía semen acumulado.
Se lo quitó y me preguntó qué hacer con él...y yo no sé por qué pero le dije que me lo diera. Me acomodé la ropa y él hizo lo suyo. Lo acompañé a la salida del estacionamiento y nos despedimos con otro rico beso en la boca.
Subí a mi departamento con el condón usado en la mano y después de sentarme y contemplarlo un poco, lo exprimí para que mojarme las piernas con su leche y embarrarme las medias con su esencia. No sé muy bien por qué lo hice pero en ese momento, pensaba fuertemente en mi marido, en la situación en la que me había dejado: sola y alejados. De alguna manera, el ver mis muslos con ese líquido blanco escurriéndose, me dio consuelo.

Foto 1 del Relato erotico: Dos experiencias cortas: taxista y empresario.

Foto 2 del Relato erotico: Dos experiencias cortas: taxista y empresario.




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Detalles



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Codigo do Relato
5180

Categoria
Confesiones

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